RELATO DE UNA TRAVESÍA A PIE POR LA MARINA ALTA, ALICANTE Parte 2
Viernes 25 Marzo. BENIMANTELL - CASTELL DE CASTELLSTras desayunar en el hostal, me dirigí, caminando por la carretera, hasta el curioso pueblo de
Guadalest, a donde llegué sobre las 8.30 h. Este pequeño pueblo tiene la peculiaridad de ser uno
de los 3 lugares más visitados de España, aunque curiosamente, no hay ningún sitio donde dormir
en el pueblo.
Guadalest está colgado de forma espectacular en lo alto de la cresta de una peña, con un castillo
en su cumbre. La única entrada permitida por la orografía del lugar, está custodiada por una
magnifica puerta. Durante el día, miles y miles de visitantes provenientes de la costa vienen a
conocer el lugar. Más que en ningún otro sitio, para venir aquí hay que madrugar. De esta forma es
posible recorrerse el pueblo antes de que abran todas las tiendas de souvenirs e invadan las calles
con sus puestos. Disfruté recorriéndome durante hora y media los rincones del lugar, y de las
vistas sobre su entorno desde su privilegiada posición, y prácticamente solo!
Para acceder al castillo hay que pagar la entrada y no abren el acceso hasta las 10 de la mañana.
Diez minutos antes yo estaba ya en la puerta esperando, los primeros grupos de turistas
comenzaban a llegar, los chiringuitos montaban ya sus puestos y sus terrazas. Entré en el castillo
rápidamente y sin detenerme en las habitaciones que forman su museo, me dirigí hacia las
terrazas superiores del edificio. Las vistas desde aquí son de quitar el hipo, con el embalse de
Guadalest justo debajo, las sierras de Serrella y Aixorta hacía un lado (cubiertas de niebla), y la
sierra de Aitana hacia el otro. Las diferentes torres construidas forma increíble, en lo alto de
algunas agujas de la peña, te hacían imaginar como vivían aquellos a los que les tocaba vigilar
desde allí.
El parking a las afueras del pueblo empezaba a llenarse de autobuses, en el interior del pueblo se
veían amontonarse grupos de 50 personas como sardinas en algunos de los miradores. Todavía
pude disfrutar un poco de aquellas vistas en solitario antes de dirigirme a la salida del castillo.
A la salida del pueblo empezaban a formarse ya los primeros atascos. Ese mismo día se formarían
mas de 10 km de colas alrededor del pueblo. Yo, en cambio, salí de allí sin problemas, caminando.
Un cuarto de hora después llegaba a Benimantell. Desde aquí según la guía me quedaban 4 horas
y media para llegar a mi siguiente destino, Castell de Castells.
Empecé a bajar hasta el embalse de Guadalest y seguí toda la orilla de su borde Oeste, pasando
por algunas zonas donde se veían restos de acampada. El sol brillaba aquí abajo, pero la orilla del
embalse era un barrizal que me disuadía de entrar a bañarme.
Tras rodear el embalse, comenzaba la larga subida por una pista hasta el puerto del Castillo. En
algunos momentos hay excelentes vistas del embalse. Paré a comer junto a una pequeña
construcción al borde de la pista. Poco después llegué al collado, la niebla ya había desaparecido.
Desde aquí se veía en las alturas de la sierra de Serrella, las ruinas del Castillo de la Serrela. Al
día siguiente tenía pensado subir hasta allí. Esta vez un abrupto comino en zigzag me llevó en una
hora hasta el área de acampada de Castellet.
Esta área de acampada se encuentra a 2 km. del pueblo de Castell de Castells. El área incluye
varias cabañas para 4 personas (24 € la cabaña, con fregadero y barbacoa incluidos). También
tiene un terreno reservado para cien personas en tiendas de campaña, donde puedes acampar
gratis. Tanto las cabañas como las tiendas tienen acceso a baños y duchas de agua caliente,
también de forma gratuita. Existen varias áreas de acampadas de este estilo en el interior de
Alicante, gestionadas por la Diputación. No estaría mal que otros lugares tomaran ejemplo...
Al llegar al área de acampada, sin haber reservado, me gané la bronca de la mujer de recepción.
Según ella, me tendría que quedar fuera por el límite de 100 campistas, pero al estar yo solo no me
puso problemas para quedarme los 2 siguientes días.
Así que monté la tienda, me di una ducha y, como nuevo, me puse a caminar los 20 minutos que
me separaban de Castell de Castells. Y la verdad es que el pueblo me impactó. No paraba de
recorrerme sus largas calles paralelas, empedradas y rodeadas de preciosas casas renovadas, sin
apenas cruzarse con calles perpendiculares. No me lo esperaba, el pueblo me pareció una joya.
Me tomé un par de cañas en los bares cercanos a la iglesia, la plaza que la rodeaba es preciosa.
Allí me enteré que esa noche había procesión de Viernes Santo. Afortunadamente llevaba conmigo
la cámara. La plaza se empezó a llenar de gente. Tras la tensa espera, en el bar más cercano a la
iglesia, repleto de gente con instrumentos musicales que no paraban de beber, por fin salieron de
la iglesia un par de carros con figuras del Cristo Crucificado y de una Virgen. Todos lo que estaban
allí salieron detrás de los carros en procesión.
La comitiva empezó a dar la vuelta al pueblo. Me costó darme cuenta de que el único espectador
de la procesión era yo. Todos los demás participaban en ella! No había ningún turista mirando el
acontecimiento, salvo yo que no paraba de hacer fotos. En un momento dado, alguien me pasó
una gran vela y me vi integrado también en la marcha. Una hora después llegábamos de nuevo a
la iglesia, donde se fueron metiendo las figuras, ante el discurso del alcalde y del cura del pueblo.
Contento con la experiencia, me fui a cenar unas raciones a uno de los bares del pueblo, todavía
llenos de ambiente. Tras unas cuantas cervezas, volví caminando, con la sola luz de la luna llena,
hasta mi tienda de campaña.
Sábado 26 Marzo. CASTELL DE CASTELLS - SIERRA DE SERRELLA -
CASTELL DE CASTELLSDejando la tienda y la mayor parte del contenido de mi mochila en el área de acampada, me fui a
Castell de Castells a desayunar.
Desde aquí quería dirigirme al pueblo de Quatretondeta (a 20 km por carretera), desde donde
podría realizar una travesía de 5 o 6 horas volviendo hasta el camping, recorriendo toda la Sierra
de Serrella.
Entre Castell de Castells no hay transporte público. En la guía Lonely Planet recomendaba
encargar un taxi en uno de los bares del pueblo que estaban junto a la carretera, el bar Venecia,
pero éste tenía toda la pinta de llevar bastante tiempo cerrado. En los bares contiguos tampoco
sabían donde encontrar un taxi a esas horas.
Me puse a hace auto-stop, pero tras media hora donde solo pasaron media docena de coches, me
aburrí y decidí hacer una ruta de ida y vuelta desde allí hasta la Sierra de Serrella.
Así que volví al área de acampada y comencé a subir hasta el puerto del Castillo siguiendo el
camino por el que había bajado el día anterior. Desde el puerto, seguí subiendo por una pista que
me dejó en la base de las ruinas del castillo de la Serrella, en la cumbre de un promontorio de la
sierra. Tras una fácil y divertida trepada, llegué al interior de las ruinas del castillo. Desde sus
muros se tienen unas grandes vistas de todo el valle de Guadalest y de la Sierra de Aitana.
Trepando un poco (con cuidado porque los muros no son muy estables), puedes recorrerte los
restos de las torres del castillo.
Tras disfrutar un buen rato allí arriba, bajé hasta la pista bajo el promontorio y continué por la sierra
de la Serrella, primero por la pista, luego por un sendero, luego por mitad del espectacular barranc
de la Canal, con varias agujas verticales en uno de sus lados, hasta la cima de la Malla del Llop
(1.357 m.). Siguiendo por la cresta durante poco más de media hora llegué por fin hasta el pla de la
Casa (1.371 m), el punto más alto de la Sierra. Desde aquí las vistas seguían siendo
espectaculares.
Después de comer en la cima, comencé el camino de vuelta hasta el área de acampada. En total
fueron 6 horas de caminata espectacular, en todo el recorrido me crucé con media docena de
personas. Además el tiempo había sido magnífico, aunque al acercarme al camping aparecieron
nubes amenazadoras. Poco después de ducharme, cuando aún estaba en la tienda, comenzó el
intenso chaparrón, que me retuvo en la tienda durante un par de horas.
Al atardecer me recorrí de nuevo los 20 minutos hasta el pueblo, que estaba si cabe aún más
espectacular bajo el sol que aparecía tras la lluvia. Me tomé un par de cervezas en los bares junto
a la iglesia, que ya me saludaban casi como a los habituales, y cené en la barra de uno de ellos.
Ese sábado a la noche los bares del pueblo estaban completamente llenos de gente.
Tras una agradable conversación con una pareja de alicantinos, que tenían una segunda
residencia en el pueblo, y que no pararon de contarme chismorreos sobre el lugar, y sobre la
forma en que habían reconstruido el pueblo, cogí el camino de vuelta al área de acampada.
Leer la primer parte de este relato Escrito por: Oracio Holiveira
Publicado y extraido de: http://www.viajerosolidario.com